Cuando era pequeña los únicos brazos que la abrazaban eran los de su madre. Le acariciaba el pelo y la acunaba entre sus brazos para que el llanto, ocasionado casi siempre por la lluvia, cesara. Cuando su padre se fue, la lluvia pasó a un segundo plano y las continuas pesadillas que tenía al dormirse fueron la principal preocupación para su madre. No conseguía dormirse y si lo hacía a las dos horas despertaba empapada y llorando. Según la psicóloga era un síntoma de abandono que hasta que no tuviera el valor de hacerle frente no le dejaría vivir en paz.
Des de la muerte de su madre, los únicos brazos que la habían abrazado habían sido los de Nico y su mujer. Tanto él como Gimena, su mujer, habían estado junto a ella en todo momento. Ayudándola, apoyándola. Pero ahora eran los brazos de ese chico los que la abrazaban sin conocerla. Se separó de él y pudo observarlo mejor. Pelo rapado, ojos verdes, sonrisa compradora y un lunar en su mejilla izquierda (y que lunar por dios...) Y aunque estuviera sentado podía asegurar que era alto, más alto que ella.
- Lo siento... - Susurró Rocío apartándose de él - Te... te he manchado la camiseta...
- No pasa nada - Pronunció secándole las lágrimas. Rocío lo miró en silencio - ¿Estás bien?
- Sí, estoy mejor - Se levantó del suelo con ayuda de él - Me sabe mal por tu camiseta de verdad.
- No importa eso ahora - Rocío sonrió - ¿Seguro que estás bien?
- Sí - Pronunció en un susurró - Gracias.
- ¿Por qué? - Preguntó extrañado.
- Por esto - Dijo haciendo referencia al abrazo - No nos conocemos de nada y has estado conmigo abrazado. Eso dice mucho de ti.
- ¿No nos conocemos? - Rocío lo miró confundida - Juan Pedro Lanzani pero mi familia me llama Peter. Ahora sí que nos conocemos - Los dos rieron.
- Rocío Igarzabal - Peter se acercó a ella, le cogió la mano y la besó en ella.
- ¿Alguna vez te han dicho que tu sonrisa es preciosa? - Rocío bajó la mirada sonrojada y Peter rió tiernamente - Sí no es así déjame que sea el primero en decírtelo.
- Gracias - Susurró Rocío totalmente sonrojada - Nunca nadie me lo había dicho.
- Me alaga saber que soy el primero entonces - Peter rió y le cogió del suelo el libro que llevaba.
- ¿Eres nuevo? Nunca te había visto por aquí - Dijo Rocío a la vez que caminaban hacía su clase.
- He llegado al pueblo hace unos meses - Rocío se paró y le sonrió - ¿Tanto se nota que no soy de aquí?
- Sí, tu acento barcelonista te delata - Los dos rieron - ¿Qué hacéis viviendo en Naumera? Es un pueblo bastante pequeño y supongo que venís de una ciudad grande como lo es Barcelona.
- Mi... mi madre necesitaba cambiar de aire y mi padre no se lo pudo negar - Rocío lo miró. Le había costado decírselo y eso ella lo había notado.
- Último año ¿verdad? - Peter asintió y Rocío sonrió - Entonces creo que vamos al mismo sitio.
- Eso creo - Los dos rieron y subieron los últimos escalones antes de llegar a su clase.
- ¿Hijo único? - Preguntó Rocío curiosamente.
- ¿Qué es esto un interrogatorio? - Preguntó Peter riéndose. Rocío bajó la cabeza sonrojada.
- Lo siento... yo sólo...
- ¡Ey, tranquila! Sólo bromeaba. Tengo tres hermanos. Dos mayores que yo y uno más pequeño - Dijo riendo. Rocío sonrió - ¿Entramos?
- Sí, será mejor entrar - Dijo cuando se pararon delante de la clase.
*********************
Cuando Candela Vetrano quería podía llegar a ser muy pesada cuando quería sustraer información. Rocío rodó los ojos y bufó desesperada. Desde que Candela la había visto entrar junto con Peter no había dejado de preguntar cosas sobre él y empezaba hartarse de tanta pregunta. Caminaron hacía la salida del colegio y se acomodaron en el mismo sitio de siempre. Rocío dejó la bolsa en el suelo y se subió encima del muro. Candela dejó su bolsa al lado de la suya y la miró a los ojos directamente.
- Y dices que lo conociste cuando venías de la biblioteca ¿verdad? - Rocío asintió por quinta vez a la misma pregunta.
- No sé cuantas veces me has preguntado lo mismo - Dijo bajándose y apoyándose contra el muro.
- No importa las veces que haga la pregunta. Lo importante es saber todo de él - Rocío la miró confundida - ¿Qué pasa?
- ¿Des de cuándo eres una acosadora? - Candela rió.
- Desde siempre baby - Rocío suspiró y se colocó las gafas de sol.
- ¿Por qué tanto interés en él? - Preguntó observando a Candela quien miraba, en esos momentos, a Peter.
- ¿Cómo que por qué? ¡Peter es perfecto para ti! - Rocío la miró sorprendida - Ahora que Pablo está con... - Candela se calló de golpe.
- Ahora que está con Mariana ¿no? - Cande la miró.
- ¿Cómo lo sabes? - Candela se sentó a su lado - ¿Mariana te lo ha restregado? Porqué si es así ahora mismo voy y...
- No - La interrumpió. Candela la miró - Vi como se besaban cuando volvía de la biblioteca.
- ¿Qué? ¿Se besaron delante tuyo? - Preguntó Candela sorprendida.
- Sí. Aunque Pablo no me vio pero Mariana sí - Candela negó y la cogió de la mano.
- ¿Estás bien? - Rocío negó y se abrazó a ella.
- Me dolió mucho ¿sabes? Porqué siento que es mi culpa - Candela negó - Sí es mi culpa... porqué tendría que haber hecho algo antes de que Mariana actuara.
- Ahora vendría la parte en que digo: te lo dije - Rocío asintió - No te preocupes ¿sí? Hay millones de chicos y sobretodo mejores que Pablo.
- Lo sé solo que...
- Duele - Dijeron a la vez. Se miraron y rieron.
- ¿Que haría sin ti? - Preguntó Candela sonriendo.
- Nada - Las dos volvieron a reír - ¿Y Victorio?
- ¡Candela! - Gritaron desde lejos. Las dos se giraron hacía el chico que estaba encima la moto - ¿Vienes?
- Hablando del rey de roma - Dijo Rocío. Candela sonrió, cogió su bolsa y la chaqueta - ¿Vendrás esta tarde a clase?
- Creo que no - Rocío negó riendo y Candela sonrió - ¡Adiós, te llamaré esta tarde! - Gritó cuando estaba yéndose con la moto.
- Adiós - Susurró cuando ya se había ido.
Miró hacía la dirección por donde Candela y Victorio se habían ido y suspiró. Candela estaba muy enamorada de él pero presentía que al chico no le pasaba lo mismo que a ella. Miró hacía el campo de fútbol y su mirada se encontró con la de Agustín. Rocío le sonrió y el chico la saludó con la mano. Agustín Sierra era su mejor amigo desde siempre. Emilia, su madre, era la mejor amiga de su madre desde párvulos así que prácticamente se conocían desde que los dos eran bebés. Observó como Agustín desviaba la mirada del mismo sitio que había mirado ella y bajaba la cabeza. Agustín llevaba enamorado de Candela toda la vida pero ella nunca le había hecho caso.
- ¿Puedo? - Rocío alzó la vista y sonrió.
- ¡Claro! - Peter sonrió y se sentó a su lado.
- ¿Qué haces aquí sola? ¿Y la amiga con quién estabas? - Preguntó a la vez que se sacaba la chaqueta.
- Se acaba de ir con su chico - Suspiró y Peter la miró - ¿Qué pasa?
- He notado un tono desagradable al hablar del novio de tu amiga - Rocío rió - ¿No te cae bien?
- ¿Caerme bien? ¿Victorio D'Alessandro? ¿Chulo-playeras? - Peter rió ante el apodo - ¡Ni a palos!
- ¿Por? - Preguntó curiosamente.
- No me gusta que Candela sufra.
- Sufrir es parte del aprendizaje de la vida - Rocío lo miró a través de las gafas de sol.
- Cuando sufres por quinta o séptima vez no creo que sea aprendizaje - Peter la miró y sonrió - ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara?
- No, solo que por un momento me has recordado a alguien que conocía - Rocío sonrió - Era igual que tú.
- ¿Y cómo soy yo? - Preguntó curiosamente.
- Transparente pero puedo adivinar que tienes una carácter muy fuerte que suele hacértelas pasar muy mal - Rocío rió y Peter supo que había acertado - Amiga de tus amigas. Odias que sufran por un chico que no vale la pena. Te gustaría que Candela estuviera con el chico perfecto pero déjame decirte que no existe. Todos los chicos tenemos algún que otro fallo.
- ¿Tú también? - Preguntó riendo.
- ¡Claro! Nadie es perfecto ¿sabes?
- ¿Qué tienes allí? - Peter miró hacía donde Rocío señalaba - ¿Dibujas?
- Sí pero sólo en la intimidad - Rocío lo cogió antes que él - ¡Eh...!
- Lo siento pero ahora será nuestro secreto - Peter sonrió y negó riendo.
- Wowww... - Pronunció Rocío en un susurró - Son... - Miró los dibujos que tenía ante ella y sonrió.
- Una basura ¿verdad? Puedes decirlo - Rocío miró a Peter y le pegó en el hombro - ¡Ey..!
- ¿Basura? ¡Es lo mejor que he visto!
- ¿Sabes que es lo mejor que he visto yo? - Rocío lo miró intrigada - Tus ojos y tu sonrisa.
- ¡Peter! - Lo golpeó en el hombro y él rió - No puedes decirme estas cosas porqué me las creo.
- ¡Creételas! - Le colocó un mechón del pelo detrás la oreja - Porqué es verdad.
- ¿Algún día me dibujarás? - Preguntó mirándole a los ojos. Peter sonrió.
- ¿Cómo Jack pinto a Rose en Titanic? - Los dos rieron.
- Sí pero con ropa - Peter rió y asintió.
- A lo mejor voy muy rápido porqué hace poco que nos conocemos pero... - Rocío lo miró - ¿Quieres venir a comer conmigo?
- Sí - Peter sonrió y Rocío bajó la cabeza sonrojada - ¡Pero elijo yo el sito eh!
- Como usted quiera princesa - Rocío sonrió y se mordió el labio inferior.
*********************
Candela caminó hacía el campo de fútbol en busca de Rocío pero no la encontró. Saltarse las clases de la tarde era una de las cosas que más le gustaba sobretodo si su acompañante era Victorio. Subió la gradas y se sentó en busca de su chico. Sonrió al encontrarlo en medio del campo hablando con Pablo. El chico le sonrió y le mandó un beso. Candela rió y lo saludó con la mano.
Su móvil empezó a sonar y Candela lo buscó dentro de la bolsa. "No voy a venir a ver el entrenamiento. Ya he quedado. Cuando llegué a casa te llamo. Ro." Miró el mensaje que su amiga le había enviado y sonrió. Esperaba que la persona que había hecho que no viniera al entreno fuera Peter. Gracias a él se había salvado de ver un entrenamiento lleno de besos entre Pablo Martínez y Mariana Igarzabal.
- ¿Cómo está mi chica preferida eh? - Candela rió y el cachetón del grupo se sentó a su lado.
- Muy bien ¿y tu Agustín? - El chico sonrió y se despeinó el pelo.
- Bien, muy bien - Candela sonrió y le besó la mejilla - ¿Dónde está Rocío? Me dijo que vendría al entreno.
- Ha quedado - Agustín levantó la ceja sorprendido - Sí, como lo oyes. Rocío ha quedado.
- ¿Cón quién si se puede saber? - Preguntó celoso. Candela rió.
- Debe estar con Peter - Agustín sonrió - ¿Conoces a Peter? Va a nuestra clase.
- Sí lo conozco. Es mi vecino y juega conmigo en el equipo de fútbol.
- ¿Enserio? - Agustín sonrió - Pablo lo va a querer matar por faltar al entreno.
- Sí, estaba hecho una furia cuando ha visto queno estaba. No se llevan muy bien.
- ¿Por? - Preguntó curiosamente.
- Mariana le echó el ojo a Peter el otro día cuando se lo cruzaron en el bar de mis padres.
- ¿De verdad? - Preguntó sorprendida - Pero ahora está con Pablo ¿no?
- Yo creo que sólo lo quiso poner celoso para que se pusieras las pilas y ha funcionado por lo que veo - Tanto Candela como él miraron en dirección de la pareja - ¿Cómo está Rocío?
- Mal cree que tiene la culpa por no haber sabido actuar antes que Mariana - Agustín negó - Pero creo que Peter ha llegado en el momento indicado.
- ¿Crees que...?
- Nunca se sabe - Los dos rieron - ¿Y tú qué? ¿Hay alguien en este corazón tan duro? - Preguntó tocándole el pecho.
- No, nadie - Candela lo miró - No he encontrado a la chica perfecta.
- No existe la chica perfecta - Rió y Agustín la miró.
- Para mi sí - Candela lo miró y le acarició la mejilla.
- No te preocupes que ya llegará. Nunca es demasiado tarde.
- Sí, nunca es demasiado tarde - Susurró bajando la cabeza.
- ¡Candela! - Gritaron desde el campo. La chica sonrió - ¡¿Te llevo a casa?!
- ¡Sí, ahora voy! - Victorio sonrió y asintió - Me voy ¿sí? Y no te preocupes que ya encontrarás a tu chica.
- Sí, supongo... - Candela sonrió y le besó la mejilla antes de irse.
- ¡Adiós! - Gritó antes de salir del campo.
- Adiós Can... - Susurró antes de coger sus cosas e irse de allí.
*********************
Peter había resultado ser un chico encantador. Amable, simpático y la verdad es que era muy atractivo. Rocío sonrió al observar como Peter jugaba a la pelota con su hermano pequeño, Bautista. El chico sólo tenía siete años y era el mimado de la familia ya que tenía un problema respiratorio. Asma había dicho el médico. Peter le había explicado que tenía dos hermanos más: Juan Pablo (Pepo) y Juan Martín (Tato). Rocío rió al ver como Bautista se tiraba encima de Peter e intentaba sacarle la pelota. Miró la hora en el reloj y se sorprendió al ver que eran las siete de la tarde. Había pasado toda la tarde junto a Peter y el chico había logrado que se olvidará de todos sus problemas, sobretodo de Pablo y Mariana.
Peter se acercó hacía donde estaba sentada y se sentó a su lado. Bautista jugaba en los columpios del parque mientras era empujado por su padre. Pablo Lanzani era el patriarca de la familia. Claudia Lanzani era su mujer y observaba a lo lejos a su hijo jugar. Rocío los envidó por un momento. Eran una familia muy unida y eso le dio enviada. Hubiera querido que sus padres la llevaran a jugar al parque cuando saliera de la escuela o que le dieran un beso para irse a dormir, pero eso nunca pasó.
- ¿Pensando en Pablo? - Preguntó Peter al verla muy pensativa. Rocío lo miró sorprendida - ¿Qué pasa?
- ¿Cómo sabes...? - Peter sonrió.
- Naumera es un pueblo pequeño - Rocío bajó la cabeza - Y en el instituto las cosas siempre se saben.
- Así que ya estarás enterado ¿no? - Peter asintió y Rocío sonrió tristemente - Son cosas que pasan...
- Sufrir es parte del aprendizaje de la vida - Rocío lo miró - Encontrarás a millones de chicos y mejores que él sólo tienes que darte tiempo. No puedes encontrarlo ahora mismo.
- Lo sé sólo que... - Peter la interrumpió.
- Sólo que sientes que podrías haber hecho algo y ahora tú estarías en el lugar de tu hermanastra ¿no? - Rocío asintió - Sí el destino ha querido que Pablo y Mariana se juntarán será porqué el destino te tiene deparado otro camino.
- ¿Qué quieres decir con eso? - Preguntó confundida.
- Que sí no has llegado a tener nada con Pablo será porqué vendrá un chico mejor que él. Que te quiera y que lo de todo por ti - Rocío rió - ¿Qué pasa?
- Me rió porqué no hace ni veinticuatro horas que nos conocemos y parece que somos amigos de toda la vida - Peter sonrió y le colocó un mechón de pelo detrás la oreja.
- Rocío eres una chica preciosa y estupenda. Cualquier chico tendría que estar satisfecho de estar con una chica como tú. Lo tienes todo.
- Ya te he dicho que no me digas estas cosas que me las creo - Dijo riendo. Peter la miró.
- Y yo te he dicho que te las creas porqué es verdad - Esta vez los dos rieron.
- ¡Peter nos vamos para casa ¿vienes?! - Gritó su madre. Peter bajó la cabeza avergonzado y Rocío rió.
- ¡Ahora voy mamá! - Claudia asintió y salió del parque junto a su marido y hijo.
- Me ha gustado pasar la tarde contigo - Dijo Rocío cuando se encaminaron hacía la salida - Lo he pasado muy bien - Peter sonrió.
- Yo también - Rocío bajó la cabeza sonrojada. ¿Qué le estaba pasando? - ¿Quieres que te acompañe hasta tu casa?
- ¡No, no! Ya he sido demasiada molestia por hoy - Peter negó - Enserio no hace falta.
- Cómo usted quiera princesa - Rocío rió - Nos vemo mañana en el insituto ¿sí?
- Pablo te va a matar por haber faltado al entreno - Peter rió.
- Me da igual que me mate al menos he pasado una buena tarde con una buena compañia - Rocío lo miró y sonrió.
- Nos vemos mañana Peter - Se acercó a él y lo besó en la mejilla - Gracias por todo.
- De nada - Rocío sonrió y se despidió de él con la mano - Definitivamente estoy enamorado... - Dijo hablando solo.
*********************
Como Peter le había dicho la noticias vuelan y la noticia de que había pasado la tarde con él había volado por toda Naumera. Sólo al llegar a casa su padre le había preguntado quien era el chico con el que había salido y Mariana la había mirado con una sonrisa cínica. ¡Bocazas! Eso era lo que era su hermanastra. Una bocazas. Abrió la puerta de su habitación y se tiró encima de la cama. Sonrió al recordar la tarde que había pasado junto a Peter.
El teléfono de casa sonó y de inmediato lo cogió sabiendo que la persona que estaría al otro lado sería nada más y nada menos que su mejor amiga. La voz de Candela sonó chillona y rápida que casi ni la entendió. Sólo creyó oír algo sobre ella y Peter y como había pasado la tarde. Sonrió y se mordió el labio inferior intentando no reír.
- ¿Y? ¿Me vas a contar como te ha ido con Peter? - Preguntó Candela al no tener respuesta.
- Bien, muy bien. Peter es un chico encantador. He estado toda la tarde con él y su hermano pequeño.
- ¿Te ha presentado a su familia? ¡No me lo puedo creer! - Chilló tanto que Rocío apartó el teléfono.
- Me ha presentado sólo a su hermano pequeño aunque conozco a sus padres de vista.
- Me muero muerta - Rocío rió ante esa expresión - ¡Es el chico perfecto para ti!
- ¡No, no! No quiero nada con nadie Candela así que no intentes juntarme con Peter ¿estamos?
- Vale... - Susurró tan bajo que a Rocío no le dio buena espina - ¿Sabes el último cotilleo que Agustín me ha contado?
- ¿Estuviste con Agustín? - Preguntó sorprendida.
- Sí en el entrenamiento lo vi, como siempre.
- ¿Y qué te ha contado el cachetón? - Preguntó curiosamente mientras cogía de su bolsa sus deberes.
- ¿Sabes a quién echo el ojo Mariana el otro día? - Rocío se quedó extrañada - A Peter Lanzani.
- ¿Qué? - Preguntó sentándose en la cama de golpe - ¿Cómo qué le echo el ojo eh?
- ¿Celosa? - Preguntó Candela sonriendo.
- ¡No! - Gritó nerviosa. Candela rió - ¿Cómo es que le echo el ojo?
- Se ve que se lo encontraron en el bar de los padres de Agustín y Mariana soltó uno de sus comentarios para poner celoso a Pablo y para que así actuará de una vez por todas.
- ¿Qué? - Susurró en voz baja - No puede ser...
- Yo también me he quedado en estado de shock - Rocío bajó la cabeza - Tu hermanastra es una calienta braguetas que lo sepas.
- Ya... - Susurró mirando uno de los dibujos que le había "robado" a Peter.
- ¿Te pasa algo Rocío? - Preguntó preocupada - ¡Ey! ¿Estás?
- Te tengo que colgar Candela - Dijo guardando todas sus cosas menos el dibujo.
- Pero que te pasa... - Intentó decir pero le fue en vano.
- Mañana hablamos ¿sí? te quiero - Dijo antes de colgar.
Se tiró encima de la cama y observó el dibujo que le había "robado" a Peter sin que se diera cuenta. ¿Por qué Mariana siempre se quedaba con los chicos que a ella le gustaban? Para. ¿Peter le gustaba? ¡No! Si lo conocía de hacía nada. Sólo le parecía atractivo, simpático, amable y cada vez que veía ese lunar moría de... ¡Pero que decía! A ella Peter no le movía nada. Pablo era el chico que le gusta no Peter. ¿Verdad?
Y llegaste tú, y me sorprendió el poder que había en este amor,
y llegaste tú, una bendición, aun recuerdo el momento que todo cambio,
y llegaste tú, y me sorprendió el poder que hay en este amor,
y llegaste tú, una bendición, aún recuerdo cuando llegaste tú
Y Llegaste Tú
sábado, 30 de abril de 2011
Capitulo I
Ser la hija correcta y estudiosa que su madre siempre había querido que fuera no le resultaba difícil. Había nacido y crecido rodeada de libros en los cuales su madre también había pasado parte de su vida. La pasión por ellos la había hereda de ella. Su madre, Adriana, había muerto en un accidente de tráfico hacía tres meses. A causa de eso el abogado de su madre le había dado la custodia total a su padre, Carlos Igarzabal. La separación de sus padres fue un hecho que la marcó. Tenía solamente 5 años cuando su padre se fue de casa para irse con su otra mujer y su otra hija. Su madre lo odió hasta sus últimos días. Ella también y por eso la idea de vivir con su padre y su familia la aterraba. No sabía nada de él desde que tenía doce años y el abogado le había dado elegir si quería seguir viéndole o no.
Rocío Igarzabal miró la casa que se imponía ante ella a través de los cristales tintados del coche. A su lado, Nico Vázquez que era el abogado de su madre. Aparte de eso también era como el padre que hubiese querido tener. Había crecido con la presencia física de su madre y la de él. Nico le acarició la mano y le sonrió. Rocío lo miró y desvió la mirada. Estaba enfadada con él por permitir que su padre se quedara con su custodia. ¿Era tan difícil de entender que no quería estar con su padre y la gente que lo rodeaba? En especial su mujer y su hermanastra.
- No creas que lo hago por gusto propio - Empezó a decir Nico. Rocío lo miró y bajó la cabeza - Pero es tu padre y tiene todo el derecho a tener tu custodia. Si hubiera luchado contra él seguramente hubiera perdido.
- Lo sé, sólo que no logro asumirlo. No puedo creer que mamá dejará en el testamento que mi custodia sería pasada a manos de mi padre si hubiera algún problema. Mamá odiaba a papá.
- Tu madre era una mujer encantadora que a pesar de odiar a tu padre quería lo mejor para ti Rocío.
- ¿Y lo mejor para mí es estar con mi padre? Lo dudo Nico - Bufó y miró la casa de nuevo - Esas personas de allí arruinaron la vida de mi madre y la mía. ¿Tengo que tener algún tipo de sentimiento hacía ellas?
- Tampoco deben de ser tan malas personas Rocío - Le regaño Nico mirándola seriamente. Rocío rió irónicamente.
- A lo mejor Majo no es mala persona pero ¿Mariana? Ella es la peor de todas. Si supieras como trata a la gente en el colegio.
- ¿Cómo trata a la gente? - Preguntó curiosamente.
- Mal, muy mal. Sé cree que por tener mucho dinero es superior a todos nosotros.
- Una niña de papá malcriada ¿no?
- Exactamente Nico. Si me junto con ella corro el peligro de convertirme en una de ellas. ¿Quieres eso para mí? - Preguntó mirándolo con un puchero.
- No vas a convencerme porqué hagas esta cara Rocío - Lo miró y se cruzó de brazos - No te enfades ¿sí? Vendré a verte cada sábado y podremos ir al campo de fútbol a ver como juega el Madrid - Rocío río ante eso - ¿Qué pasa?
- Nico no es por ofender pero ni tu ni yo duramos ni un segundo en el Bernabeu.
- ¿Por?
- Estamos fichados por la gente madrilista al ser barcelonistas que han causado mucho ajetreo en los partidos.
- Nunca he entendido porqué tanta polémica contra el Madrid y el Barça - Nico salió del coche seguido de Rocío.
- Hay polémica porqué son dos de los mejores equipos que hay Nico. Ese es el problema - Explicó como si fuera obvio. Nico rió y la abrazó.
- ¿Preparada?
- ¿Me queda otra opción? - Nico negó y la rodeó por los hombros a la vez que se acercaban a la puerta.
Hacía cinco años que no veía a su padre y la verdad es que seguía igual que la última vez que lo vio. Tenía alguna que otra cana en su pelo pero seguía igual. La sonrisa de Rodrigo se enganchó al ver acercarse a su hija. Rocío lo miró y desvió la mirada. ¿Cómo la podía mirar como si nada si cuando tenía cinco años la había abandonado por otra mujer y por otra hija? Su mirada se centró en la mujer que yacía a su lado sonriéndole. Majo era tal como Mariana la describía en el colegio. Alta, buena figura (a pesar de sus cuarenta y ocho años), morena con el pelo rizado y sin ninguna arruga en su rostro. La verdad es que se conservaba muy bien para su edad. Su mirada chocó con la de su hermanastra. Mariana la miraba desde encima del primer escalón de la casa con su típica mirada altiva. Su pelo castaño estaba recogido en una cola al lado con su flequillo recto bien planchado. Un vestido plateado de tirantes bien apretado y zapatos de tacón. Se miraron a los ojos desafiándose como siempre lo habían hecho en el colegio.
- Rocío, hija - Rodrigo se acercó a ella y la abrazó. Ella se quedó inmóvil sin saber que hacer - ¿Cómo estás?
- ¿Importa? - Carlos y Majo se miraron a los ojos - No estoy por placer en esta casa así que si me enseñas donde está mi habitación y lo demás puedo sobrevivir el próximo año hasta que cumpla los dieciocho - Sonrió y se cruzó de brazos.
- Mis padres te están ayudando ¿y se lo agradeces así? - La voz de Mariana sonó irritada por el comportamiento de Rocío.
- Tu padre que también es mi padre nos dejó a mi madre y a mí abandonadas con tan solo cinco años así que no me pidas que le tenga ni un poco de amor - Carlos bajó la mirada al igual que su mujer.
- ¡Rocío! - Exclamó Nico enfadado. Ella bajó la cabeza entendiendo que su comentario había estado fuera de lugar - Siento mucho su comportamiento Carlos, lamento que...
- No se preocupe, es normal que este enfadada - Dijo Majo acariciándole el brazo a su marido - ¿Quieres que te enseñe tu habitación?
- De acuerdo - Rocío se acercó a Nico, lo besó en la mejilla y se despidió de él con la mano antes de entrar en la casa.
Majo la cogió del brazo y la guió por la casa. Rocío miró su brazo entrelazado con el de ella y suspiró. Si tenía que estar un año en esta casa tenía que comportarse al menos. Tenía que demostrar que su madre la había educado perfectamente. Majo tampoco le había hecho nada, quien había causado el daño había sido su padre así que no tenía que tenerle ningún rencor a ella. Subieron las escaleras seguidas de Mariana y Carlos. En una de las puertas pudo ver el nombre de Mariana escrito. Se alejaron dos puertas más y se pararon en una que ponía Rocío en color azul.
Majo la miró y le sonrió.
Abrió la puerta y se adentró en ella seguida de Carlos, Majo y Mariana que la miraba apoyada en la pared con los brazos cruzados. Las paredes estaban pintadas en un color azul claro. Lo muebles eran de color blanco. Su ordenador estaba encima del escritorio al igual que todos sus libros que estaban en la estantería de al lado. Seguramente Nico los hubiera llevado antes de que ella se diera cuenta. Miró la habitación y sonrió. A lo mejor tampoco estaba tan mal allí.
- ¿Te gusta la habitación? - Preguntó Majo mirándola - Carlos me dijo que el azul era tu color favorito así que una tarde empezamos a pintarla - Rocío la miró y le sonrió.
- Nicolás llevó tus cosas antes de pasarte a buscar - Explicó Carlos - Majo las ha colocado pero no sabemos si...
- Está todo bien papá, nos os preocupéis - Carlos y Majo sonrieron - ¿Puedo quedar con Candela esta tarde?
- Claro hija - Dijo Carlos sonriendo - Si quiere puede venir a casa.
- Gracias papá - Le sonrió y cuando se quedó sola se dispuso a llamar a Candela.
*********************
Conocía a Candela Vetrano desde los tres años. Las dos eran amigas desde párvulos e iban a la misma escuela. Candela y Rocío eran polos opuestos. Candela era alta, guapa, delgada, pelo castaño y liso. Simpática, un poco gritona (sobretodo cuando se emociona) buena amiga y sobretodo buena hermana (aunque sea del alma). En cambio, Rocío era alta, guapa, delgada, pelo rubio y rizado hasta el pecho. Simpática (quién la conoce bien), tiene un carácter bastante fuerte que choca con cualquier persona pero sobretodo es muy buena amiga.
Candela observó por tercera vez la habitación de su amiga y sonrió. Rocío supo lo que había estado pensando. Ella lo podía haber hecho mejor. Candela iba para decoradora de hogares. Era su sueño desde que tenía quince años. Ella, en cambio, quería estudiar periodismo y trabajar, si podía, en un pequeño diario. Ese era uno de sus sueños. Una de las miles de cosas que tenían en común era que los chicos que les gustaban jugaban en el equipo de fútbol del equipo.
- Me gusta tu habitación aunque yo... - Empezó a decir Candela.
- Lo hubiera hecho mejor - Dijeron a la vez. Candela y ella estallaron en risas.
- ¡Cómo me conoces amiga! - La abrazó y se sentó con ella en la cama - ¿Cómo te trata tu padre y Majo?
- Bien, con mi padre casi no cruzo palabra pero Majo se ve buena mujer ¿no?
- Sí ¿y con Mariana? ¿Cómo ha ido la cosa?
- Mal pero me da igual. No pienso amargarme la vida con su existencia. Valgo mucho más que ella.
- Corrigo: valemos - Las dos rieron y se estiraron en la cama - Hoy he hablado con Victorio.
- ¿Y qué te ha dicho este idiota ahora? ¿Qué quiere volver contigo? ¿Qué te necesita?
- Sí... - Susurró intentando reprimir las ganas de llorar.
- Candela... sabes como acaba esto ¿no? - Asintió y Rocío la abrazó tiernamente - No quiero verte mal por él de nuevo. Eres mi mejor amiga y no lo soportaría.
- Lo sé sólo que... es superior a mí pero bueno... ya llegará el día en que conozca a alguien que si que me valore.
- ¡Así se dice! - Las dos rieron.
- ¿Y tú? ¿Has hablado con Pablo?
- ¿Yo? ¿Hablar con Pablo? Parece que no me conoces lo suficiente... ¡Tendría que estar muy borracha para hablarle a Pablo! - Candela rió y cogió una de las galletas que había ante ellas.
- Algún día le tendrás que decir lo que sientes ¿no crees? - Rocío la miró y rió - ¡No te rías! Como no le digas lo que sientes pronto llegará otra y te lo qui...
- ¿Cómo? ¿Qué otra? ¿Qué sabes Candela? ¡Dímelo! - Dijo cogiéndola por la camisa.
- ¡Para loca! ¡Qué me ahogas! - Rocío la soltó y la miró seriamente - Se... se rumorea que Pablo está interesado en... en...
- ¿En quién? - Dijo harta de tanto misterio.
- En Mariana... - Susurró en voz baja.
- ¿Qué? - Gritó tirándose encima de la cama - ¿Mariana? No puede ser... ¡Candela quiero que me maten! ¿Cómo puede fijarse en ella y no en mí eh?
- ¿Será porqué con ella habla y contigo no? - Rocío la miró y Candela se calló de golpe.
- Conmigo también habla - Se quejó abrazando la almohada.
- Sí para pedirte los deberes o copiarte algún trabajo - Candela se sentó a su lado y la abrazó - Como no te des prisa Mariana te va a ganar y se llevará al príncipe azul de tus sueños.
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El despertador sonó a las 7:00 am. Sacó el brazo de debajo de la sábana y lo apagó provocando que cayera al suelo haciendo mucho ruido. Cerró los ojos y volvió a tumbarse en la cama. No pasaron ni cinco minutos cuando Majo entró en su habitación y le abrió las cortinas. Rocío murmuró algo entre sueños y se tapó hasta arriba.'Como no te despiertes llegarás tarde el primer día' Abrió los ojos muy a su pesar y se dirigió hacía la ducha. Una ducha sería lo que la despertaría.
Hacía solo una semana que vivía con ellos que ya se había acostumbrado a que Majo la despertará siempre y tampoco le desagradaba del todo. Cerró el grifo y salió de la ducha con una toalla alrededor de su cuerpo. Se acercó al armario y sacó unos pantalones cortos blancos, una blusa de color azul y las chanclas que llevaba siempre. Cogió un poco de espuma del baño y se la puso.
Se acercó al escritorio, cogió la bolsa con los libros y salió de la habitación.
- ¿No desayunas Rocío? - Preguntó Majo al verla pasar a toda prisa.
- No, no me da tiempo - Cogió la chaqueta y se la puso - He quedado con Candela que pasaría a buscarla y ya llego tarde. Me va a matar - Majo rió tiernamente.
- ¿No esperas a Mariana? - Preguntó su padre al entrar en la cocina.
- Tiene piernas para ir caminando ella sola hasta el colegio o si no que la lleve su chofer - Carlos la miró seriamente en cambio Majo reía - ¡Me voy, nos vemos a la tarde!
- ¡Adiós Rocío! - Gritó Majo antes de que se fuera.
- ¿Tú la entiendes? Porqué yo no... - Carlos se sentó en una de las sillas y Majo lo abrazó por los hombros.
- Tienes que darle un poco de tiempo cariño. Sigue dolida porqué te fuiste de casa cuando sólo tenía cinco años.
- Se lleva mejor contigo que conmigo - Se quejó como un niño pequeño - ¿Por qué no...?
- ¿Yo? No, Carlos. Es tu hija, tú tienes que hablar con ella no yo.
- ¡Buenos días! - Dijo Mariana entrando en la cocina - ¿Dónde está Rocío?
- Ya ha salido. Iba a buscar a Candela - Mariana asintió y le sonrió a su padre.
- Papi... ¿Me llevas al colegio? Llego tarde.
- ¿Algún día serás puntual hija?
- Supongo que sí - Carlos negó y Majo rió al igual que su hija.
- Vayámonos que no quiero ser el causante de tu primera falta por llegar tarde - Carlos se acercó a Majo y la besó - Nos vemos para la comida ¿sí?
- De acuerdo cariño.
- Adiós mamá - Mariana la besó en la mejilla y se fue con su padre.
- Adiós hija.
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Candela la esperaba, como siempre, apoyada en la pared de la puerta de clase. Rocío le sonrió y se acercó corriendo hacía ella. Había pasado por su casa pero Victoria, la madre de Candela, le había dicho que ya había salido. La puntualidad no era su fuerte y entendería que Candela estuviera enfadada con ella porqué no era la primera vez que la dejaba plantada por llegar tarde. Se acercó a ella y la besó en mejilla. Candela la miró con los brazos cruzados y Rocío le sonrió.
- Siempre igual - Se quejó Candela sentándose en su mesa - ¿Alguna vez serás puntual?
- Supongo que sí - Rió y Candela negó sonriendo - ¿Alguna novedad? ¿Algo que haya pasado en mi ausencia durante este cuarto de hora?
- Sí - Rocío la miró atentamente - Victorio me ha pedido una segunda oportunidad y...
- ¿Qué? Le habrás dicho que no ¿verdad? - Candela bajó la mirada - No... ¡Candela!
- ¿Qué? - Rocío negó - Sólo le he dado otra oportunidad y si me...
- ¿Otra oportunidad? ¡Le has dado cuarenta mil oportunidades! - Candela bajó la mirada - Te digo todo esto para que nadie más te haga daño. Está bien equivocarse porqué de los errores se aprende pero Victorio te hace daño. Hace dos años que estáis así y aún no he visto que te cuide como lo hace un novio. Te trata mal y eso provoca que estés mal y yo ya me cansé.
- Pero Rocí...
- ¿Te acuerdas lo mal que lo pasé con Gastón? - Candela asintió - Hasta que no le di una patada en su trasero no pude deshacerme de él. Creo que tú tienes que hacer lo mismo con Victorio porqué si no seguirá haciéndote daño.
- Lo sé - Dijo Candela reprimiendo las ganas de llorar.
- Pero ¿sabes qué? - Candela negó - Si quieres darle una oportunidad más aquí estaré ¿sí? No voy a dejarte sola - Las dos sonrieron y Rocío la abrazó.
- Gracias Rocío.
- Para eso están las amigas ¿no? - Candela asintió - Voy un momento a dejar un libro a la biblioteca ¿sí?
- De acuerdo pero no tarde que el profesor estará a punto de llegar.
- ¿Filosofía? - Candela asintió - Sergio me tiene enchufada así qué no me dirá nada - Las dos rieron.
- ¡Corre ve que vendrá!
- ¡Sí sí ya voy!
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Bajaste las escaleras del segundo piso y llegaste a la biblioteca. Entraste sin hacer ningún ruido y hablaste con la bibliotecaria. Dejaste el libro que te habías llevado la semana pasada y cogiste uno relacionado con la biología. Saliste de allí y cuando estabas por subir de nuevo te quedaste parada. Tu mirada se entristeció al instante. Pablo Martínez acorralaba contra la pared con sus brazos a Mariana. Ella reía y jugaba la chaqueta que en esos instantes llevaba. Las miradas de Mariana y Rocío conectaron y una sonrisa cínica apareció en el rostro de su hermanastra. Se acercó más a Pablo y juntó sus labios con los de él. Pablo sonrió y la apretó fuerte contra él.
Rocío bajó la mirada y se fue de ese lugar siendo vista solamente por Mariana. Tocada y hundida. Mariana había ganado la batalla. Candela tenía razón. Si se hubiera dado prisa a lo mejor la que estaría besando en esos momento a Pablo sería ella y no Mariana. Caminó hacía su clase sin prisa. En esos momentos le daba igual todo. Se dejó caer en una de las escaleras y se quedó allí sentada con el libro entre sus piernas.
Una mano se apoyó en su hombro. Se giró sobresaltada y bajó la cabeza al ver quien era. Se sentó a su lado y la abrazó por los hombros. Rocío recargó su cabeza en el hombro de él y rompió a llorar.
No se conocían de nada pero desde ese momento en que él la vio llorar supo que quería pasar el resto de su vida con ella. Así, abrazados. Porqué aunque ella no lo supiera la había estado cuidando desde hacía tiempo. Observándola sin que ella lo supiera.
Rocío Igarzabal miró la casa que se imponía ante ella a través de los cristales tintados del coche. A su lado, Nico Vázquez que era el abogado de su madre. Aparte de eso también era como el padre que hubiese querido tener. Había crecido con la presencia física de su madre y la de él. Nico le acarició la mano y le sonrió. Rocío lo miró y desvió la mirada. Estaba enfadada con él por permitir que su padre se quedara con su custodia. ¿Era tan difícil de entender que no quería estar con su padre y la gente que lo rodeaba? En especial su mujer y su hermanastra.
- No creas que lo hago por gusto propio - Empezó a decir Nico. Rocío lo miró y bajó la cabeza - Pero es tu padre y tiene todo el derecho a tener tu custodia. Si hubiera luchado contra él seguramente hubiera perdido.
- Lo sé, sólo que no logro asumirlo. No puedo creer que mamá dejará en el testamento que mi custodia sería pasada a manos de mi padre si hubiera algún problema. Mamá odiaba a papá.
- Tu madre era una mujer encantadora que a pesar de odiar a tu padre quería lo mejor para ti Rocío.
- ¿Y lo mejor para mí es estar con mi padre? Lo dudo Nico - Bufó y miró la casa de nuevo - Esas personas de allí arruinaron la vida de mi madre y la mía. ¿Tengo que tener algún tipo de sentimiento hacía ellas?
- Tampoco deben de ser tan malas personas Rocío - Le regaño Nico mirándola seriamente. Rocío rió irónicamente.
- A lo mejor Majo no es mala persona pero ¿Mariana? Ella es la peor de todas. Si supieras como trata a la gente en el colegio.
- ¿Cómo trata a la gente? - Preguntó curiosamente.
- Mal, muy mal. Sé cree que por tener mucho dinero es superior a todos nosotros.
- Una niña de papá malcriada ¿no?
- Exactamente Nico. Si me junto con ella corro el peligro de convertirme en una de ellas. ¿Quieres eso para mí? - Preguntó mirándolo con un puchero.
- No vas a convencerme porqué hagas esta cara Rocío - Lo miró y se cruzó de brazos - No te enfades ¿sí? Vendré a verte cada sábado y podremos ir al campo de fútbol a ver como juega el Madrid - Rocío río ante eso - ¿Qué pasa?
- Nico no es por ofender pero ni tu ni yo duramos ni un segundo en el Bernabeu.
- ¿Por?
- Estamos fichados por la gente madrilista al ser barcelonistas que han causado mucho ajetreo en los partidos.
- Nunca he entendido porqué tanta polémica contra el Madrid y el Barça - Nico salió del coche seguido de Rocío.
- Hay polémica porqué son dos de los mejores equipos que hay Nico. Ese es el problema - Explicó como si fuera obvio. Nico rió y la abrazó.
- ¿Preparada?
- ¿Me queda otra opción? - Nico negó y la rodeó por los hombros a la vez que se acercaban a la puerta.
Hacía cinco años que no veía a su padre y la verdad es que seguía igual que la última vez que lo vio. Tenía alguna que otra cana en su pelo pero seguía igual. La sonrisa de Rodrigo se enganchó al ver acercarse a su hija. Rocío lo miró y desvió la mirada. ¿Cómo la podía mirar como si nada si cuando tenía cinco años la había abandonado por otra mujer y por otra hija? Su mirada se centró en la mujer que yacía a su lado sonriéndole. Majo era tal como Mariana la describía en el colegio. Alta, buena figura (a pesar de sus cuarenta y ocho años), morena con el pelo rizado y sin ninguna arruga en su rostro. La verdad es que se conservaba muy bien para su edad. Su mirada chocó con la de su hermanastra. Mariana la miraba desde encima del primer escalón de la casa con su típica mirada altiva. Su pelo castaño estaba recogido en una cola al lado con su flequillo recto bien planchado. Un vestido plateado de tirantes bien apretado y zapatos de tacón. Se miraron a los ojos desafiándose como siempre lo habían hecho en el colegio.
- Rocío, hija - Rodrigo se acercó a ella y la abrazó. Ella se quedó inmóvil sin saber que hacer - ¿Cómo estás?
- ¿Importa? - Carlos y Majo se miraron a los ojos - No estoy por placer en esta casa así que si me enseñas donde está mi habitación y lo demás puedo sobrevivir el próximo año hasta que cumpla los dieciocho - Sonrió y se cruzó de brazos.
- Mis padres te están ayudando ¿y se lo agradeces así? - La voz de Mariana sonó irritada por el comportamiento de Rocío.
- Tu padre que también es mi padre nos dejó a mi madre y a mí abandonadas con tan solo cinco años así que no me pidas que le tenga ni un poco de amor - Carlos bajó la mirada al igual que su mujer.
- ¡Rocío! - Exclamó Nico enfadado. Ella bajó la cabeza entendiendo que su comentario había estado fuera de lugar - Siento mucho su comportamiento Carlos, lamento que...
- No se preocupe, es normal que este enfadada - Dijo Majo acariciándole el brazo a su marido - ¿Quieres que te enseñe tu habitación?
- De acuerdo - Rocío se acercó a Nico, lo besó en la mejilla y se despidió de él con la mano antes de entrar en la casa.
Majo la cogió del brazo y la guió por la casa. Rocío miró su brazo entrelazado con el de ella y suspiró. Si tenía que estar un año en esta casa tenía que comportarse al menos. Tenía que demostrar que su madre la había educado perfectamente. Majo tampoco le había hecho nada, quien había causado el daño había sido su padre así que no tenía que tenerle ningún rencor a ella. Subieron las escaleras seguidas de Mariana y Carlos. En una de las puertas pudo ver el nombre de Mariana escrito. Se alejaron dos puertas más y se pararon en una que ponía Rocío en color azul.
Majo la miró y le sonrió.
Abrió la puerta y se adentró en ella seguida de Carlos, Majo y Mariana que la miraba apoyada en la pared con los brazos cruzados. Las paredes estaban pintadas en un color azul claro. Lo muebles eran de color blanco. Su ordenador estaba encima del escritorio al igual que todos sus libros que estaban en la estantería de al lado. Seguramente Nico los hubiera llevado antes de que ella se diera cuenta. Miró la habitación y sonrió. A lo mejor tampoco estaba tan mal allí.
- ¿Te gusta la habitación? - Preguntó Majo mirándola - Carlos me dijo que el azul era tu color favorito así que una tarde empezamos a pintarla - Rocío la miró y le sonrió.
- Nicolás llevó tus cosas antes de pasarte a buscar - Explicó Carlos - Majo las ha colocado pero no sabemos si...
- Está todo bien papá, nos os preocupéis - Carlos y Majo sonrieron - ¿Puedo quedar con Candela esta tarde?
- Claro hija - Dijo Carlos sonriendo - Si quiere puede venir a casa.
- Gracias papá - Le sonrió y cuando se quedó sola se dispuso a llamar a Candela.
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Conocía a Candela Vetrano desde los tres años. Las dos eran amigas desde párvulos e iban a la misma escuela. Candela y Rocío eran polos opuestos. Candela era alta, guapa, delgada, pelo castaño y liso. Simpática, un poco gritona (sobretodo cuando se emociona) buena amiga y sobretodo buena hermana (aunque sea del alma). En cambio, Rocío era alta, guapa, delgada, pelo rubio y rizado hasta el pecho. Simpática (quién la conoce bien), tiene un carácter bastante fuerte que choca con cualquier persona pero sobretodo es muy buena amiga.
Candela observó por tercera vez la habitación de su amiga y sonrió. Rocío supo lo que había estado pensando. Ella lo podía haber hecho mejor. Candela iba para decoradora de hogares. Era su sueño desde que tenía quince años. Ella, en cambio, quería estudiar periodismo y trabajar, si podía, en un pequeño diario. Ese era uno de sus sueños. Una de las miles de cosas que tenían en común era que los chicos que les gustaban jugaban en el equipo de fútbol del equipo.
- Me gusta tu habitación aunque yo... - Empezó a decir Candela.
- Lo hubiera hecho mejor - Dijeron a la vez. Candela y ella estallaron en risas.
- ¡Cómo me conoces amiga! - La abrazó y se sentó con ella en la cama - ¿Cómo te trata tu padre y Majo?
- Bien, con mi padre casi no cruzo palabra pero Majo se ve buena mujer ¿no?
- Sí ¿y con Mariana? ¿Cómo ha ido la cosa?
- Mal pero me da igual. No pienso amargarme la vida con su existencia. Valgo mucho más que ella.
- Corrigo: valemos - Las dos rieron y se estiraron en la cama - Hoy he hablado con Victorio.
- ¿Y qué te ha dicho este idiota ahora? ¿Qué quiere volver contigo? ¿Qué te necesita?
- Sí... - Susurró intentando reprimir las ganas de llorar.
- Candela... sabes como acaba esto ¿no? - Asintió y Rocío la abrazó tiernamente - No quiero verte mal por él de nuevo. Eres mi mejor amiga y no lo soportaría.
- Lo sé sólo que... es superior a mí pero bueno... ya llegará el día en que conozca a alguien que si que me valore.
- ¡Así se dice! - Las dos rieron.
- ¿Y tú? ¿Has hablado con Pablo?
- ¿Yo? ¿Hablar con Pablo? Parece que no me conoces lo suficiente... ¡Tendría que estar muy borracha para hablarle a Pablo! - Candela rió y cogió una de las galletas que había ante ellas.
- Algún día le tendrás que decir lo que sientes ¿no crees? - Rocío la miró y rió - ¡No te rías! Como no le digas lo que sientes pronto llegará otra y te lo qui...
- ¿Cómo? ¿Qué otra? ¿Qué sabes Candela? ¡Dímelo! - Dijo cogiéndola por la camisa.
- ¡Para loca! ¡Qué me ahogas! - Rocío la soltó y la miró seriamente - Se... se rumorea que Pablo está interesado en... en...
- ¿En quién? - Dijo harta de tanto misterio.
- En Mariana... - Susurró en voz baja.
- ¿Qué? - Gritó tirándose encima de la cama - ¿Mariana? No puede ser... ¡Candela quiero que me maten! ¿Cómo puede fijarse en ella y no en mí eh?
- ¿Será porqué con ella habla y contigo no? - Rocío la miró y Candela se calló de golpe.
- Conmigo también habla - Se quejó abrazando la almohada.
- Sí para pedirte los deberes o copiarte algún trabajo - Candela se sentó a su lado y la abrazó - Como no te des prisa Mariana te va a ganar y se llevará al príncipe azul de tus sueños.
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El despertador sonó a las 7:00 am. Sacó el brazo de debajo de la sábana y lo apagó provocando que cayera al suelo haciendo mucho ruido. Cerró los ojos y volvió a tumbarse en la cama. No pasaron ni cinco minutos cuando Majo entró en su habitación y le abrió las cortinas. Rocío murmuró algo entre sueños y se tapó hasta arriba.'Como no te despiertes llegarás tarde el primer día' Abrió los ojos muy a su pesar y se dirigió hacía la ducha. Una ducha sería lo que la despertaría.
Hacía solo una semana que vivía con ellos que ya se había acostumbrado a que Majo la despertará siempre y tampoco le desagradaba del todo. Cerró el grifo y salió de la ducha con una toalla alrededor de su cuerpo. Se acercó al armario y sacó unos pantalones cortos blancos, una blusa de color azul y las chanclas que llevaba siempre. Cogió un poco de espuma del baño y se la puso.
Se acercó al escritorio, cogió la bolsa con los libros y salió de la habitación.
- ¿No desayunas Rocío? - Preguntó Majo al verla pasar a toda prisa.
- No, no me da tiempo - Cogió la chaqueta y se la puso - He quedado con Candela que pasaría a buscarla y ya llego tarde. Me va a matar - Majo rió tiernamente.
- ¿No esperas a Mariana? - Preguntó su padre al entrar en la cocina.
- Tiene piernas para ir caminando ella sola hasta el colegio o si no que la lleve su chofer - Carlos la miró seriamente en cambio Majo reía - ¡Me voy, nos vemos a la tarde!
- ¡Adiós Rocío! - Gritó Majo antes de que se fuera.
- ¿Tú la entiendes? Porqué yo no... - Carlos se sentó en una de las sillas y Majo lo abrazó por los hombros.
- Tienes que darle un poco de tiempo cariño. Sigue dolida porqué te fuiste de casa cuando sólo tenía cinco años.
- Se lleva mejor contigo que conmigo - Se quejó como un niño pequeño - ¿Por qué no...?
- ¿Yo? No, Carlos. Es tu hija, tú tienes que hablar con ella no yo.
- ¡Buenos días! - Dijo Mariana entrando en la cocina - ¿Dónde está Rocío?
- Ya ha salido. Iba a buscar a Candela - Mariana asintió y le sonrió a su padre.
- Papi... ¿Me llevas al colegio? Llego tarde.
- ¿Algún día serás puntual hija?
- Supongo que sí - Carlos negó y Majo rió al igual que su hija.
- Vayámonos que no quiero ser el causante de tu primera falta por llegar tarde - Carlos se acercó a Majo y la besó - Nos vemos para la comida ¿sí?
- De acuerdo cariño.
- Adiós mamá - Mariana la besó en la mejilla y se fue con su padre.
- Adiós hija.
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Candela la esperaba, como siempre, apoyada en la pared de la puerta de clase. Rocío le sonrió y se acercó corriendo hacía ella. Había pasado por su casa pero Victoria, la madre de Candela, le había dicho que ya había salido. La puntualidad no era su fuerte y entendería que Candela estuviera enfadada con ella porqué no era la primera vez que la dejaba plantada por llegar tarde. Se acercó a ella y la besó en mejilla. Candela la miró con los brazos cruzados y Rocío le sonrió.
- Siempre igual - Se quejó Candela sentándose en su mesa - ¿Alguna vez serás puntual?
- Supongo que sí - Rió y Candela negó sonriendo - ¿Alguna novedad? ¿Algo que haya pasado en mi ausencia durante este cuarto de hora?
- Sí - Rocío la miró atentamente - Victorio me ha pedido una segunda oportunidad y...
- ¿Qué? Le habrás dicho que no ¿verdad? - Candela bajó la mirada - No... ¡Candela!
- ¿Qué? - Rocío negó - Sólo le he dado otra oportunidad y si me...
- ¿Otra oportunidad? ¡Le has dado cuarenta mil oportunidades! - Candela bajó la mirada - Te digo todo esto para que nadie más te haga daño. Está bien equivocarse porqué de los errores se aprende pero Victorio te hace daño. Hace dos años que estáis así y aún no he visto que te cuide como lo hace un novio. Te trata mal y eso provoca que estés mal y yo ya me cansé.
- Pero Rocí...
- ¿Te acuerdas lo mal que lo pasé con Gastón? - Candela asintió - Hasta que no le di una patada en su trasero no pude deshacerme de él. Creo que tú tienes que hacer lo mismo con Victorio porqué si no seguirá haciéndote daño.
- Lo sé - Dijo Candela reprimiendo las ganas de llorar.
- Pero ¿sabes qué? - Candela negó - Si quieres darle una oportunidad más aquí estaré ¿sí? No voy a dejarte sola - Las dos sonrieron y Rocío la abrazó.
- Gracias Rocío.
- Para eso están las amigas ¿no? - Candela asintió - Voy un momento a dejar un libro a la biblioteca ¿sí?
- De acuerdo pero no tarde que el profesor estará a punto de llegar.
- ¿Filosofía? - Candela asintió - Sergio me tiene enchufada así qué no me dirá nada - Las dos rieron.
- ¡Corre ve que vendrá!
- ¡Sí sí ya voy!
*********************
Bajaste las escaleras del segundo piso y llegaste a la biblioteca. Entraste sin hacer ningún ruido y hablaste con la bibliotecaria. Dejaste el libro que te habías llevado la semana pasada y cogiste uno relacionado con la biología. Saliste de allí y cuando estabas por subir de nuevo te quedaste parada. Tu mirada se entristeció al instante. Pablo Martínez acorralaba contra la pared con sus brazos a Mariana. Ella reía y jugaba la chaqueta que en esos instantes llevaba. Las miradas de Mariana y Rocío conectaron y una sonrisa cínica apareció en el rostro de su hermanastra. Se acercó más a Pablo y juntó sus labios con los de él. Pablo sonrió y la apretó fuerte contra él.
Rocío bajó la mirada y se fue de ese lugar siendo vista solamente por Mariana. Tocada y hundida. Mariana había ganado la batalla. Candela tenía razón. Si se hubiera dado prisa a lo mejor la que estaría besando en esos momento a Pablo sería ella y no Mariana. Caminó hacía su clase sin prisa. En esos momentos le daba igual todo. Se dejó caer en una de las escaleras y se quedó allí sentada con el libro entre sus piernas.
Una mano se apoyó en su hombro. Se giró sobresaltada y bajó la cabeza al ver quien era. Se sentó a su lado y la abrazó por los hombros. Rocío recargó su cabeza en el hombro de él y rompió a llorar.
No se conocían de nada pero desde ese momento en que él la vio llorar supo que quería pasar el resto de su vida con ella. Así, abrazados. Porqué aunque ella no lo supiera la había estado cuidando desde hacía tiempo. Observándola sin que ella lo supiera.
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