sábado, 30 de abril de 2011

Capitulo I

Ser la hija correcta y estudiosa que su madre siempre había querido que fuera no le resultaba difícil. Había nacido y crecido rodeada de libros en los cuales su madre también había pasado parte de su vida. La pasión por ellos la había hereda de ella. Su madre, Adriana, había muerto en un accidente de tráfico hacía tres meses. A causa de eso el abogado de su madre le había dado la custodia total a su padre, Carlos Igarzabal. La separación de sus padres fue un hecho que la marcó. Tenía solamente 5 años cuando su padre se fue de casa para irse con su otra mujer y su otra hija. Su madre lo odió hasta sus últimos días. Ella también y por eso la idea de vivir con su padre y su familia la aterraba. No sabía nada de él desde que tenía doce años y el abogado le había dado elegir si quería seguir viéndole o no.

Rocío Igarzabal miró la casa que se imponía ante ella a través de los cristales tintados del coche. A su lado, Nico Vázquez que era el abogado de su madre. Aparte de eso también era como el padre que hubiese querido tener. Había crecido con la presencia física de su madre y la de él. Nico le acarició la mano y le sonrió. Rocío lo miró y desvió la mirada. Estaba enfadada con él por permitir que su padre se quedara con su custodia. ¿Era tan difícil de entender que no quería estar con su padre y la gente que lo rodeaba? En especial su mujer y su hermanastra.

- No creas que lo hago por gusto propio - Empezó a decir Nico. Rocío lo miró y bajó la cabeza - Pero es tu padre y tiene todo el derecho a tener tu custodia. Si hubiera luchado contra él seguramente hubiera perdido.
- Lo sé, sólo que no logro asumirlo. No puedo creer que mamá dejará en el testamento que mi custodia sería pasada a manos de mi padre si hubiera algún problema. Mamá odiaba a papá.
- Tu madre era una mujer encantadora que a pesar de odiar a tu padre quería lo mejor para ti Rocío.
- ¿Y lo mejor para mí es estar con mi padre? Lo dudo Nico - Bufó y miró la casa de nuevo - Esas personas de allí arruinaron la vida de mi madre y la mía. ¿Tengo que tener algún tipo de sentimiento hacía ellas?
- Tampoco deben de ser tan malas personas Rocío - Le regaño Nico mirándola seriamente. Rocío rió irónicamente.
- A lo mejor Majo no es mala persona pero ¿Mariana? Ella es la peor de todas. Si supieras como trata a la gente en el colegio.
- ¿Cómo trata a la gente? - Preguntó curiosamente.
- Mal, muy mal. Sé cree que por tener mucho dinero es superior a todos nosotros.
- Una niña de papá malcriada ¿no?
- Exactamente Nico. Si me junto con ella corro el peligro de convertirme en una de ellas. ¿Quieres eso para mí? - Preguntó mirándolo con un puchero.
- No vas a convencerme porqué hagas esta cara Rocío - Lo miró y se cruzó de brazos - No te enfades ¿sí? Vendré a verte cada sábado y podremos ir al campo de fútbol a ver como juega el Madrid - Rocío río ante eso - ¿Qué pasa?
- Nico no es por ofender pero ni tu ni yo duramos ni un segundo en el Bernabeu.
- ¿Por?
- Estamos fichados por la gente madrilista al ser barcelonistas que han causado mucho ajetreo en los partidos.
- Nunca he entendido porqué tanta polémica contra el Madrid y el Barça - Nico salió del coche seguido de Rocío.
- Hay polémica porqué son dos de los mejores equipos que hay Nico. Ese es el problema - Explicó como si fuera obvio. Nico rió y la abrazó.
- ¿Preparada?
- ¿Me queda otra opción? - Nico negó y la rodeó por los hombros a la vez que se acercaban a la puerta.

Hacía cinco años que no veía a su padre y la verdad es que seguía igual que la última vez que lo vio. Tenía alguna que otra cana en su pelo pero seguía igual. La sonrisa de Rodrigo se enganchó al ver acercarse a su hija. Rocío lo miró y desvió la mirada. ¿Cómo la podía mirar como si nada si cuando tenía cinco años la había abandonado por otra mujer y por otra hija? Su mirada se centró en la mujer que yacía a su lado sonriéndole. Majo era tal como Mariana la describía en el colegio. Alta, buena figura (a pesar de sus cuarenta y ocho años), morena con el pelo rizado y sin ninguna arruga en su rostro. La verdad es que se conservaba muy bien para su edad. Su mirada chocó con la de su hermanastra. Mariana la miraba desde encima del primer escalón de la casa con su típica mirada altiva. Su pelo castaño estaba recogido en una cola al lado con su flequillo recto bien planchado. Un vestido plateado de tirantes bien apretado y zapatos de tacón. Se miraron a los ojos desafiándose como siempre lo habían hecho en el colegio.

- Rocío, hija - Rodrigo se acercó a ella y la abrazó. Ella se quedó inmóvil sin saber que hacer - ¿Cómo estás?
- ¿Importa? - Carlos y Majo se miraron a los ojos - No estoy por placer en esta casa así que si me enseñas donde está mi habitación y lo demás puedo sobrevivir el próximo año hasta que cumpla los dieciocho - Sonrió y se cruzó de brazos.
- Mis padres te están ayudando ¿y se lo agradeces así? - La voz de Mariana sonó irritada por el comportamiento de Rocío.
- Tu padre que también es mi padre nos dejó a mi madre y a mí abandonadas con tan solo cinco años así que no me pidas que le tenga ni un poco de amor - Carlos bajó la mirada al igual que su mujer.
- ¡Rocío! - Exclamó Nico enfadado. Ella bajó la cabeza entendiendo que su comentario había estado fuera de lugar - Siento mucho su comportamiento Carlos, lamento que...
- No se preocupe, es normal que este enfadada - Dijo Majo acariciándole el brazo a su marido - ¿Quieres que te enseñe tu habitación?
- De acuerdo - Rocío se acercó a Nico, lo besó en la mejilla y se despidió de él con la mano antes de entrar en la casa.

Majo la cogió del brazo y la guió por la casa. Rocío miró su brazo entrelazado con el de ella y suspiró. Si tenía que estar un año en esta casa tenía que comportarse al menos. Tenía que demostrar que su madre la había educado perfectamente. Majo tampoco le había hecho nada, quien había causado el daño había sido su padre así que no tenía que tenerle ningún rencor a ella. Subieron las escaleras seguidas de Mariana y Carlos. En una de las puertas pudo ver el nombre de Mariana escrito. Se alejaron dos puertas más y se pararon en una que ponía Rocío en color azul.
Majo la miró y le sonrió.

Abrió la puerta y se adentró en ella seguida de Carlos, Majo y Mariana que la miraba apoyada en la pared con los brazos cruzados. Las paredes estaban pintadas en un color azul claro. Lo muebles eran de color blanco. Su ordenador estaba encima del escritorio al igual que todos sus libros que estaban en la estantería de al lado. Seguramente Nico los hubiera llevado antes de que ella se diera cuenta. Miró la habitación y sonrió. A lo mejor tampoco estaba tan mal allí.

- ¿Te gusta la habitación? - Preguntó Majo mirándola - Carlos me dijo que el azul era tu color favorito así que una tarde empezamos a pintarla - Rocío la miró y le sonrió.
- Nicolás llevó tus cosas antes de pasarte a buscar - Explicó Carlos - Majo las ha colocado pero no sabemos si...
- Está todo bien papá, nos os preocupéis - Carlos y Majo sonrieron - ¿Puedo quedar con Candela esta tarde?
- Claro hija - Dijo Carlos sonriendo - Si quiere puede venir a casa.
- Gracias papá - Le sonrió y cuando se quedó sola se dispuso a llamar a Candela.




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Conocía a Candela Vetrano desde los tres años. Las dos eran amigas desde párvulos e iban a la misma escuela. Candela y Rocío eran polos opuestos. Candela era alta, guapa, delgada, pelo castaño y liso. Simpática, un poco gritona (sobretodo cuando se emociona) buena amiga y sobretodo buena hermana (aunque sea del alma). En cambio, Rocío era alta, guapa, delgada, pelo rubio y rizado hasta el pecho. Simpática (quién la conoce bien), tiene un carácter bastante fuerte que choca con cualquier persona pero sobretodo es muy buena amiga.

Candela observó por tercera vez la habitación de su amiga y sonrió. Rocío supo lo que había estado pensando. Ella lo podía haber hecho mejor. Candela iba para decoradora de hogares. Era su sueño desde que tenía quince años. Ella, en cambio, quería estudiar periodismo y trabajar, si podía, en un pequeño diario. Ese era uno de sus sueños. Una de las miles de cosas que tenían en común era que los chicos que les gustaban jugaban en el equipo de fútbol del equipo.

- Me gusta tu habitación aunque yo... - Empezó a decir Candela.
- Lo hubiera hecho mejor - Dijeron a la vez. Candela y ella estallaron en risas.
- ¡Cómo me conoces amiga! - La abrazó y se sentó con ella en la cama - ¿Cómo te trata tu padre y Majo?
- Bien, con mi padre casi no cruzo palabra pero Majo se ve buena mujer ¿no?
- Sí ¿y con Mariana? ¿Cómo ha ido la cosa?
- Mal pero me da igual. No pienso amargarme la vida con su existencia. Valgo mucho más que ella.
- Corrigo: valemos - Las dos rieron y se estiraron en la cama - Hoy he hablado con Victorio.
- ¿Y qué te ha dicho este idiota ahora? ¿Qué quiere volver contigo? ¿Qué te necesita?
- Sí... - Susurró intentando reprimir las ganas de llorar.
- Candela... sabes como acaba esto ¿no? - Asintió y Rocío la abrazó tiernamente - No quiero verte mal por él de nuevo. Eres mi mejor amiga y no lo soportaría.
- Lo sé sólo que... es superior a mí pero bueno... ya llegará el día en que conozca a alguien que si que me valore.
- ¡Así se dice! - Las dos rieron.
- ¿Y tú? ¿Has hablado con Pablo?
- ¿Yo? ¿Hablar con Pablo? Parece que no me conoces lo suficiente... ¡Tendría que estar muy borracha para hablarle a Pablo! - Candela rió y cogió una de las galletas que había ante ellas.
- Algún día le tendrás que decir lo que sientes ¿no crees? - Rocío la miró y rió - ¡No te rías! Como no le digas lo que sientes pronto llegará otra y te lo qui...
- ¿Cómo? ¿Qué otra? ¿Qué sabes Candela? ¡Dímelo! - Dijo cogiéndola por la camisa.
- ¡Para loca! ¡Qué me ahogas! - Rocío la soltó y la miró seriamente - Se... se rumorea que Pablo está interesado en... en...
- ¿En quién? - Dijo harta de tanto misterio.
- En Mariana... - Susurró en voz baja.
- ¿Qué? - Gritó tirándose encima de la cama - ¿Mariana? No puede ser... ¡Candela quiero que me maten! ¿Cómo puede fijarse en ella y no en mí eh?
- ¿Será porqué con ella habla y contigo no? - Rocío la miró y Candela se calló de golpe.
- Conmigo también habla - Se quejó abrazando la almohada.
- Sí para pedirte los deberes o copiarte algún trabajo - Candela se sentó a su lado y la abrazó - Como no te des prisa Mariana te va a ganar y se llevará al príncipe azul de tus sueños.



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El despertador sonó a las 7:00 am. Sacó el brazo de debajo de la sábana y lo apagó provocando que cayera al suelo haciendo mucho ruido. Cerró los ojos y volvió a tumbarse en la cama. No pasaron ni cinco minutos cuando Majo entró en su habitación y le abrió las cortinas. Rocío murmuró algo entre sueños y se tapó hasta arriba.'Como no te despiertes llegarás tarde el primer día' Abrió los ojos muy a su pesar y se dirigió hacía la ducha. Una ducha sería lo que la despertaría.

Hacía solo una semana que vivía con ellos que ya se había acostumbrado a que Majo la despertará siempre y tampoco le desagradaba del todo. Cerró el grifo y salió de la ducha con una toalla alrededor de su cuerpo. Se acercó al armario y sacó unos pantalones cortos blancos, una blusa de color azul y las chanclas que llevaba siempre. Cogió un poco de espuma del baño y se la puso.
Se acercó al escritorio, cogió la bolsa con los libros y salió de la habitación.

- ¿No desayunas Rocío? - Preguntó Majo al verla pasar a toda prisa.
- No, no me da tiempo - Cogió la chaqueta y se la puso - He quedado con Candela que pasaría a buscarla y ya llego tarde. Me va a matar - Majo rió tiernamente.
- ¿No esperas a Mariana? - Preguntó su padre al entrar en la cocina.
- Tiene piernas para ir caminando ella sola hasta el colegio o si no que la lleve su chofer - Carlos la miró seriamente en cambio Majo reía - ¡Me voy, nos vemos a la tarde!
- ¡Adiós Rocío! - Gritó Majo antes de que se fuera.
- ¿Tú la entiendes? Porqué yo no... - Carlos se sentó en una de las sillas y Majo lo abrazó por los hombros.
- Tienes que darle un poco de tiempo cariño. Sigue dolida porqué te fuiste de casa cuando sólo tenía cinco años.
- Se lleva mejor contigo que conmigo - Se quejó como un niño pequeño - ¿Por qué no...?
- ¿Yo? No, Carlos. Es tu hija, tú tienes que hablar con ella no yo.
- ¡Buenos días! - Dijo Mariana entrando en la cocina - ¿Dónde está Rocío?
- Ya ha salido. Iba a buscar a Candela - Mariana asintió y le sonrió a su padre.
- Papi... ¿Me llevas al colegio? Llego tarde.
- ¿Algún día serás puntual hija?
- Supongo que sí - Carlos negó y Majo rió al igual que su hija.
- Vayámonos que no quiero ser el causante de tu primera falta por llegar tarde - Carlos se acercó a Majo y la besó - Nos vemos para la comida ¿sí?
- De acuerdo cariño.
- Adiós mamá - Mariana la besó en la mejilla y se fue con su padre.
- Adiós hija.



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Candela la esperaba, como siempre, apoyada en la pared de la puerta de clase. Rocío le sonrió y se acercó corriendo hacía ella. Había pasado por su casa pero Victoria, la madre de Candela, le había dicho que ya había salido. La puntualidad no era su fuerte y entendería que Candela estuviera enfadada con ella porqué no era la primera vez que la dejaba plantada por llegar tarde. Se acercó a ella y la besó en mejilla. Candela la miró con los brazos cruzados y Rocío le sonrió.

- Siempre igual - Se quejó Candela sentándose en su mesa - ¿Alguna vez serás puntual?
- Supongo que sí - Rió y Candela negó sonriendo - ¿Alguna novedad? ¿Algo que haya pasado en mi ausencia durante este cuarto de hora?
- Sí - Rocío la miró atentamente - Victorio me ha pedido una segunda oportunidad y...
- ¿Qué? Le habrás dicho que no ¿verdad? - Candela bajó la mirada - No... ¡Candela!
- ¿Qué? - Rocío negó - Sólo le he dado otra oportunidad y si me...
- ¿Otra oportunidad? ¡Le has dado cuarenta mil oportunidades! - Candela bajó la mirada - Te digo todo esto para que nadie más te haga daño. Está bien equivocarse porqué de los errores se aprende pero Victorio te hace daño. Hace dos años que estáis así y aún no he visto que te cuide como lo hace un novio. Te trata mal y eso provoca que estés mal y yo ya me cansé.
- Pero Rocí...
- ¿Te acuerdas lo mal que lo pasé con Gastón? - Candela asintió - Hasta que no le di una patada en su trasero no pude deshacerme de él. Creo que tú tienes que hacer lo mismo con Victorio porqué si no seguirá haciéndote daño.
- Lo sé - Dijo Candela reprimiendo las ganas de llorar.
- Pero ¿sabes qué? - Candela negó - Si quieres darle una oportunidad más aquí estaré ¿sí? No voy a dejarte sola - Las dos sonrieron y Rocío la abrazó.
- Gracias Rocío.
- Para eso están las amigas ¿no? - Candela asintió - Voy un momento a dejar un libro a la biblioteca ¿sí?
- De acuerdo pero no tarde que el profesor estará a punto de llegar.
- ¿Filosofía? - Candela asintió - Sergio me tiene enchufada así qué no me dirá nada - Las dos rieron.
- ¡Corre ve que vendrá!
- ¡Sí sí ya voy!


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Bajaste las escaleras del segundo piso y llegaste a la biblioteca. Entraste sin hacer ningún ruido y hablaste con la bibliotecaria. Dejaste el libro que te habías llevado la semana pasada y cogiste uno relacionado con la biología. Saliste de allí y cuando estabas por subir de nuevo te quedaste parada. Tu mirada se entristeció al instante. Pablo Martínez acorralaba contra la pared con sus brazos a Mariana. Ella reía y jugaba la chaqueta que en esos instantes llevaba. Las miradas de Mariana y Rocío conectaron y una sonrisa cínica apareció en el rostro de su hermanastra. Se acercó más a Pablo y juntó sus labios con los de él. Pablo sonrió y la apretó fuerte contra él.

Rocío bajó la mirada y se fue de ese lugar siendo vista solamente por Mariana. Tocada y hundida. Mariana había ganado la batalla. Candela tenía razón. Si se hubiera dado prisa a lo mejor la que estaría besando en esos momento a Pablo sería ella y no Mariana. Caminó hacía su clase sin prisa. En esos momentos le daba igual todo. Se dejó caer en una de las escaleras y se quedó allí sentada con el libro entre sus piernas.

Una mano se apoyó en su hombro. Se giró sobresaltada y bajó la cabeza al ver quien era. Se sentó a su lado y la abrazó por los hombros. Rocío recargó su cabeza en el hombro de él y rompió a llorar.
No se conocían de nada pero desde ese momento en que él la vio llorar supo que quería pasar el resto de su vida con ella. Así, abrazados. Porqué aunque ella no lo supiera la había estado cuidando desde hacía tiempo. Observándola sin que ella lo supiera.

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